jueves, 30 de octubre de 2008

La protección del Arcángel Miguel

Toda la semana estuve recibiendo correos electrónicos, de distintos lugares de origen, con "La Protección de San Miguel". En todos ellos se habla de los cambios que se están produciendo en la Tierra, cambios y desafíos que hay que aceptar o no. Hay fuerzas que nos están desafiando constantemente tratando de tentarnos con drogas, alcohol, abuso sexual, y varios etcs. más.
Nuestros chakras se encuentran bloqueados y no pueden recibir LA LUZ DIVINA.
Siempre existió "la batalla" en nosotros, el BIEN no puede existir sin el MAL, es así. Pero lo que si existe es que vos sepas de qué lado estás, y allí pongas tu grano de arena, que siempre va a sumar muchísimo.
¿Qué es lo que podemos hacer? Es importante que tomemos conciencia de querer estar dentro de LA LUZ DIVINA y conducirnos de forma tal que vayamos subiendo un escaloncito todos los días.
Pero también podemos aliarnos al Arcángel San Miguel y pedirle que nos proteja para salir con bien de todo este embrollo. Miguel está siempre con nosotros, nos cuida y nos protege desde siempre. Miguel trabaja con su "Banda de la Piedad" (o Band of Mercy), una legión de Ángeles que lo siguen a todos lados y lo ayudan a llevar a cabo distintas tareas. Todos llevan espadas que despiden una llama azul, esta llama te purifica y protege contra todo mal.

Les dejo la Protección del Arcángel Miguel para que la usen siempre que la necesiten:
(mientras la dicen, imaginen una hermosa luz azul que los va recubriendo), (pueden proteger lo que quieran, desde sus casas, sus familiares, sus mascotas, TODO).

El Arcángel Miguel adelante mío,
El Arcángel Miguel por detrás,
El Arcángel Miguel a mi derecha,
El Arcángel Miguel a mi izquierda,
El Arcángel Miguel sobre mí,
El Arcángel Miguel por debajo,
El Arcángel Miguel adonde quiera que vaya.
SOY su amor me protege ya,
SOY su amor me protege ya,
SOY su amor me protege ya.

domingo, 19 de octubre de 2008

24 de octubre - Día del Arcángel Rafael


El Arcángel Rafael es el protector de los enfermos, su auxilio está en todo momento que haya enfermedad, dolor o aflicción. Protege a los matrimonios bendecidos y cuida de la felicidad en los hogares. Sus ángeles rodean los centros de salud. Es el ángel de la sanación.
Oraciones:
1) Glorioso Arcángel San Rafael, medicina de Dios, que guiaste a Tobias en su viaje para cobrar la deuda de Gabelo, le preparaste un feliz matrimonio y devolviste la vista a su anciano padre, guíanos en el camino de la salvación, ayúdanos en las necesidades, haz felices nuestros hogares y danos la visión de Dios en el Cielo. Amen.

2) Gloriosísimo príncipe San Rafael, antorcha dulcísima de los palacios eternos, caudillo de los ejércitos del Todopoderoso, emisario de la Divinidad, órgano de sus providencias, ejecutor de sus órdenes, secretario de sus arcanos, recurso universal de todos los hijos de Adán, amigo de tus devotos, compañero de los caminantes, maestro de la virtud, protector de la castidad, socorro de los afligidos, médico de los enfermos, auxilio de los perseguidos, azote de los demonios, tesoro riquísimo de los caudales de Dios.
Tu eres ángel santo, uno de aquellos siete nobilísimos espíritus que rodean al trono del altísimo.
Confiados en el grande amor que has manifestado a los hombres, te suplicamos humildes nos defiendas de las asechanzas y tentaciones del demonio en todos los pasos y estaciones de nuestra vida, que alejes de nosotros los peligros del alma y cuerpo poniendo freno a nuestras pasiones delincuentes y a los enemigos que nos tiranizan, que derribes en todas partes y principalmente en el mundo católico el cruel monstruo de las herejías y la incredulidad que intenta devorarnos.
Te pedimos también con todo el fervor de nuestro espíritu, hagas se dilate y extienda mas el santo evangelio, con la práctica de la moral. Que asistas al romano pontífice y a los demás pastores y concedas unidad en la verdad a las autoridades y magistrados cristianos.
Por último te suplicamos nos alcances del trono de Dios a Quien tan inmediato asistes, el inestimable don de la gracia, para que por medio de ella seamos un día vuestros perpetuos compañeros en la gloria. Amen.

jueves, 16 de octubre de 2008

Biografía del Arcángel Jehudiel

Su Nombre significa Alabanza de Dios

Combate el espíritu de la envidia y de celos. El espíritu de la envidia se dirigió contra María Santísima, porque de ella debía salir la Encarnación de la Divina Persona. Su envidia lo empujó en contra del Decreto de Dios. El pecado de envidia es celoso del bien del prójimo. Una vez en el Antiguo Testamento, sus hermanos querían quitar de en medio a José por envidia, porque era el hijo predilecto de Jacob. La envidia cegó a los fariseos frente a la Santidad y al poder milagroso de Dios. Su envidia se transformó en odio en contra del Señor y lo condenó a muerte. Nosotros logramos vencer la envidia con el amor a Dios, a sus mandamientos y al prójimo, con la benevolencia, aceptando y reconociendo al prójimo.

El Santo Arcángel Jehudiel es nuestro guía y nuestra ayuda. Su aceptación incondicional del Decreto Divino y su celo en la ejecución de sus mandatos selló su eterna alianza con Dios. Por lo tanto él glorifica y exalta por toda la Eternidad a Dios, e incorpora en el amor, la viva alabanza a Dios. El pueblo escogido del Antiguo Testamento ha roto la Antigua Alianza y la ha rechazado. En el Nuevo Testamento estamos todos nosotros llamados a recibir la corona, que Jehudiel tiene en su mano, la señal de la recompensa divina para aquellos que son fieles a Dios y lo alaban.
San Pablo a Timoteo: "ahora me corresponde la Corona de Justicia. que el Señor, Justo Juez, me dará en ese día. Pero no solamente a mí., sino a todos aquellos que han esperado con amor su venida" (2 Timoteo 4,8).

Pedimos a San Jehudiel nos impida caer en envidias y celos que exterminan toda serena paz del alma, y nos proteja de individuos obsesivos por los celos y con la pertinaz maldad de la envidia; y derrame en nuestras almas y en las de las personas que nos rodean, la fidelidad a la Ley de Dios y de la Iglesia, y la Obediencia a las Divinas Disposiciones.

Oraciones al Arcángel Jehudiel

1) Inmortal y Bendito Espíritu Santo!, hazte fuerte y poderoso en mi humilde presencia, por invocación del nombre del Padre y del nombre del Hijo. Tú que haces realidad la creación, y penetras en toda la vida, comunícame con el Arcángel Jehudiel; pues grande y santos son tus misterios Señor, y maravillosa es la secreta palabra del corazón. Yo te pido que por la acción de tu Príncipe Angélico remunerador de la santa luz, la vida renazca en mi ser, se eleve como una fuente de energía dentro de mí y haga crecer todo lo bueno en mi interior y a mi alrededor. Allí donde mis palabras dan forma y vida a la verdad del Espíritu Santo.

Que el santo calor del Señor penetre en todos los espacios hasta hoy inanimados dentro de mí y en mi vida en el mundo y en los otros cuerpos de mi existencia para que por su movilidad y crecimiento se glorifique el santo nombre, se amplifiquen los procesos de mi multiplicación y transmutación positiva. Que el agua de fuego surja de las vertientes más secretas de mi ser para alimentar el cuerpo vital que plasma todo lo que debe ser plasmado, que ocupe todo el espacio que debe ser ocupado, que construya todo templo y vivienda que debe ser construido. Por todo lo nombrado yo te pido, guiado por la santa Madre Terrenal, el manto de María Santísima y la luz del Padre Celestial al cual los Serafines nunca paran de alabar, que me asistas y me des tu ayuda. Santo Arcángel Jehudiel! intercede ante el Señor por mí.

2) Santo Arcángel Jehudiel, fuerte ángel y gran opositor de los espíritus malignos, ven en nuestra ayuda con todo tu ejército angelical. Asístenos en la lucha contra los tremendos ataques del Infierno, que amenazan destruir a la Iglesia. Quita de nuestros corazones toda envidia y haz que el Decreto Divino llegue a ser para nosotros alabanza eterna y viviente en Dios. Amén.

Arcángel Jehudiel


jueves, 9 de octubre de 2008

Lectura recomendada

Comunicándose con el Arcángel Gabriel para la inspiración y la reconciliación
de Richard Webster
http://www.grupaldistribuidora.com.ar/

La anunciación a la Virgen María es para el mundo cristiano la misión más importante que ha realizado al Arcángel Gabriel.
Encomendado por Dios, Gabriel trajo un mensaje que cambiaría para siempre la historia de la humanidad: el nacimiento de Jesús.

El ángel Gabriel fue enviado de parte de Dios a Nazareth. Presentándose ante la Virgen María, le dijo: "Salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo". (Lucas, 1:26-38)

Sobre el destacadísimo acontecimiento de la Anunciación, Richard Webster nos presenta esta obra, la única guía dedicada exclusivamente a nuestra relación con este Arcángel.

Su lectura le ayudará, sin duda, a ponerse en contacto con Gabriel para pedir inspiración, purificación, fertilidad, un nuevo comienzo, pronosticar el futuro, interpretar sueños y visiones y desarrollar clarividencia, entre otras cosas.

Otras obras del mismo autor:
- Comunicándose con el Arcángel Rafael
- Comunicándose con el Arcángel Miguel
- Comunicándose con el Arcángel Uriel

martes, 30 de septiembre de 2008

¿Jesús tuvo Ángel de la Guarda?

Es doctrina bien conocida que todo hombre tiene un ángel de la guarda.
No es extraño, por tanto, que pueda surgir la siguiente interrogación: ¿El propio Nuestro Señor Jesucristo, siendo al mismo tiempo Dios y hombre —en esto consiste el misterio de la Encarnación—, tuvo también un ángel de la guarda?


Los ángeles nada tenían que enseñar a Jesús
Los ángeles, en relación a nosotros, son como hermanos mayores, encargados por el Padre común para conducirnos rumbo a la Patria Celeste.
Tienen la misión de guiarnos y de apartar de nosotros, en misteriosa medida, los obstáculos del camino.


Su “custodia” no consiste en asistirnos y defendernos como lo haría un subalterno, sino en una especie de tutela protectora que se adapta a nuestra libertad humana y que será tanto más eficaz cuanto más nos apoyemos en ella con confianza y buena voluntad. En esas condiciones, se ve que Nuestro Señor no podía tener un ángel de la guarda propiamente dicho.


La principal ocupación del ángel de la guarda, nos dice Santo Tomás, es iluminar nuestra inteligencia: “La guarda de los ángeles tiene como último y principal efecto la iluminación doctrinal” (Suma Teológica I, 113, 2). Pero, Nuestro Señor, ni siquiera en Su ciencia humana, tenía cómo ser iluminado por los ángeles.


Los teólogos reconocen tres especies de ciencia en la santa alma de Jesucristo, en Su vida mortal: la ciencia de la visión beatífica, la ciencia infusa y la ciencia adquirida.
Por las dos primeras, Nuestro Señor superaba en profundidad y extensión el saber de cualquier criatura, sin excepción: Dios hizo a su Hijo “tanto más superior y excelente que los ángeles” (Hb 1, 4). Bajo ese doble aspecto, ellos no tenían nada que enseñarle.
En cuanto a la ciencia adquirida o experimental, que progresó en Nuestro Señor con la edad, Cristo no tenía necesidad del socorro de los ángeles para ser instruido sobre los diversos objetos que se ofrecerían a Sus sentidos en el gran libro del universo.
Sin embargo, el servicio de los ángeles le convenía


Pero, aunque Nuestro Señor tenía pleno poder sobre las criaturas y, por consiguiente, podía obtener directamente todo lo que era necesario a Su vida corporal, ser servido por los ángeles le convenía a doble título.


Por un lado, esa asistencia material de los ángeles —así como los cuidados con su alimentación y el vestuario prestados por José y María, cuando era niño, y después, ya adulto, por las santas mujeres— estaba conforme con la apariencia de flaqueza y debilidad con que había querido revestirse el Verbo encarnado.


Por otra parte, ¿no era adecuado que, antes mismo que Cristo entrase en la gloria, los ángeles ya le testimoniaran —por sus piadosos homenajes particulares, e incluso por discretas manifestaciones exteriores— que lo reconocían como su Señor y su Rey?


La solución de Santo Tomás de Aquino
Santo Tomás no admite que Nuestro Señor haya tenido un ángel de la guarda en el sentido estricto, porque el papel del “ángel de la guarda”, que es propiamente el de dirigir y proteger, no podía tener por objeto la santa humanidad del Salvador. Pero el gran Doctor se cuida bien de rasgar el Evangelio y negar el servicio de los ángeles a Nuestro Señor.


Servicio, cuyo modo habitual de funcionamiento los autores sagrados no explican, si bien señalan diversos actos significativos (Lc 13; Mt 4,11; 26,53) que parecen indicar que Nuestro Señor tuvo, no solamente un ángel, sino una falange de espíritus bienaventurados vinculados al servicio y asistencia de Su santa humanidad.


La situación de los ángeles en relación a la santa humanidad de Nuestro Señor está muy bien expresada en estas palabras del Doctor Angélico :
“No era de un ángel de la guarda, en cuanto superior, que necesitaba; sino de un ángel que lo sirviese como inferior. De ahí que se diga en el Evangelio de Mateo (4, 11): ‘Se le aproximaron ángeles que lo servían'” (Suma Teológica I, 113, 4).
Era un papel de ministros, no de guardianes, el que tenían los ángeles junto al Verbo encarnado: no eran custodios, sino siervos.


El episodio de Getsemaní
El episodio de Getsemaní muestra, es verdad, una dificultad especial: “Apparuit de coelo Ángelus —dice el texto sagrado— confortans eum” (Lc 22, 43). ¿Cómo puede un ángel reconfortar a Nuestro Señor, esto es, levantar su ánimo, traerle un socorro moral?


Santo Tomás expresa muy bien esa objeción al preguntarse si no podemos deducir, entonces, que Cristo fue instruido por los ángeles, visto que “somos reconfortados por las palabras de exhortación de quien enseña” . A esta dificultad él mismo responde: “el alivio recibido del ángel no se dio a modo de instrucción, sino para manifestar la veracidad de Su naturaleza humana” (Suma Teológica III, 12, 4, 1).


Esa explicación, tenemos que confesarlo, no satisface completamente el espíritu. En ella, el por qué de la intervención angélica, en esta hora tan penosa de Getsemaní, aparece; pero el cómo , escapa. Y, a no ser que consideremos como un simple gesto simbólico el alivio traído por el ángel a Nuestro Señor, la dificultad parece subsistir.
Por eso, otros autores se aplican en ir más adelante en esa explicación.


El ángel puso en obra motivos de alivio
Podemos decir que el ángel proporcionó algo semejante a un alivio moral al alma de Nuestro Señor, delicada entre todas y sensibilísima a las manifestaciones de afecto, no menos que a los abandonos, las traiciones y los ultrajes.


Así pues, el papel del ángel no fue (lo que sería inadmisible) conceder al alma de Nuestro Señor alguna “iluminación” verdadera, o revelarle algo nuevo para levantar Su ánimo. Sea por medio de una palabra exterior, sea por una acción interior sobre la imaginación y memoria del Mesías, el ángel puso en obra motivos de alivio que el Dios Salvador conocía bien, pero que Él había evitado, de una manera más o menos directa, aplicar a Su espíritu; pues, con el fin de beber hasta el final el cáliz de la amargura, el augusto Redentor, en el momento supremo de la Pasión, se empeñaba en considerar toda la extensión y profundidad de este acto expiatorio (V. Cardenal Billot, de Verbo Incarnato , thes. XIX, 4).


De todas partes le asaltaban pensamientos agobiantes, provocando en Su corazón y en Su carne angustias inexpresables: “Me cercaron dolores de muerte, y torrentes de iniquidad me conturbaron” (Sl 17, 5). Fue entonces cuando el ángel suscitó, ante la mirada de Jesús, las más dulces representaciones.


Sin duda, como dice un piadoso autor “Ese celeste mensajero llamaba la atención del Salvador sobre las virtudes magníficas que irían a germinar de Su sangre divina; evocaba el cuadro profético de esos admirables cortejos de vírgenes, de mártires, de confesores, de amigos fieles y de verdaderos arrepentidos de ambos sexos, de todas las edades y categorías, que a pesar de sus muchas debilidades, tendrán por Jesús un amor sincero y ardiente y se esforzarán al máximo en reparar a su buen Maestro por tantos sufrimientos y heridas”.




sábado, 27 de septiembre de 2008

29 de septiembre - Día de los Arcángeles

Fiesta de San Miguel
El glorioso Arcángel apareció en 493 en el monte Gargajo en Italia. Esta aparición fue muy consoladora y muy célebre, y en reconocimiento de los beneficios que procuró a la Iglesia el enviado del Omnipotente, se estableció una fiesta para recordar este acontecimiento y en honra de San Miguel; fiesta que desde el siglo V se celebra el 29 de setiembre, y que era en otro tiempo muy solemne en varios países de Occidente.

He aquí lo que leemos en las leyes eclesiásticas publicadas en 1014 por Etelredo rey de Inglaterra: “todo cristiana que tenga la edad prescrita ayunará tres días a pan y agua, no comiendo más que raíces crudas, antes de la fiesta de san Miguel, e irá a confesar y a la Iglesia con los pies descalzos… Cada sacerdote irá tres días con los pies descalzos en procesión con su pueblo, y caea cual preparará los víveres que necesite para tres días, observando si embargo que no haya de gordo, y que se distribuya todo a los pobres. Todos los servidores serán dispensados del trabajo durante estos tres días para celebrar mejor la fiesta, o no habrán sino lo necesario para su uso. Estos tres días son el lunes, el martes y el miércoles antes de la fiesta de san Miguel.”

Aunque sólo se nombra a san Miguel en el título de esta fiesta, según la oraciones de la Iglesia, forman, según parece, su objeto todos los santos Ángeles, de lo cual se desprenden una verdad magnífica y propia para estrechar los lazos de caridad que nos unen, y es que la Iglesia quiere indudablemente que honremos a los Ángeles y a los Santos, y celebremos su fiesta con espíritu de unidad y universalidad, considerándolos a todos como un solo cuerpo y un solo santo, que es el cuerpo de Jesucristo. Es difícil honrar un miembro sin que esta honra se comunique a todos los demás miembros del cuerpo; la gloria y la alegría de cada uno de ellos es común a todos, y la que es común a todos es propia de cada uno de ellos en particular. Si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él, dice San Pablo.

Así pues, la fiesta de cada santo es la de todos los demás Santos. Por esta razón se celebra en otro tiempo la fiesta de todos los Apóstoles en un solo día, porque no puede celebrarse la de uno de ellos sin que todos sean de ella partícipes. Estas reflexiones son más necesarias respecto de los Ángeles, a todos los cuales honramos generalmente el día de la fiesta de San Miguel. La Iglesia no permite que se haga mención más que de tres Ángeles, cuyos nombres se nos han indicado en la Escritura, y sin embargo desea que honremos a muchos millones. Por consiguiente no debemos prestarles homenajes por medio de fiestas particulares, sino estando en la firme persuasión de que cuando nombremos u honremos a uno de ellos, los comprendemos y reverenciamos a todos, como si todos no compusieran más que una santa ciudad, cuya majestad y preeminencias representa cada uno de ellos.


ORACIÓN:

+Conjuración a los Santos Ángeles
¡Dios Todopoderoso y Eterno, Uno en Tres Personas! Antes de conjurar a los Santos Ángeles, tus servidores y de llamarlos en nuestro socorro, nos postramos delante de Ti y Te adoramos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Bendito y alabado seas por toda la eternidad. Que todos los Ángeles y los hombres que has creado te adoren, te amen y te Sirvan, Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal!
¡Y Tú, María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe bondadosamente la oración que les dirigimos a tus servidores, y hazla llegar hasta el Trono del Altísimo para que obtengamos gracia, salvación y auxilio! AMEN.

¡Ángeles grandes y Santos, Dios los envía para protegernos y ayudarnos! Los conjuramos, en el nombre de Dios Uno en Tres Personas,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos en nombre de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo,¡Vuelen en nuestro socorro!
Los conjuramos, en el nombre todopoderoso de Jesús,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos por todas las heridas de Nuestro Señor Jesucristo,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos por todas las torturas de Nuestro Señor Jesucristo,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos por la Santa Palabra de Dios,¡Vuelen en nuestro socorro!

Los conjuramos por el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos en nombre del amor de Dios por nosotros tan pobres,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos en nombre de la fidelidad de Dios para con nosotros tan pobres,¡Vuelen en nuestro socorro!

Los conjuramos en nombre de la misericordia de Dios para con nosotros tan pobres,¡Vuelen en nuestro socorro!
Los conjuramos en nombre de María Reina del Cielo y de la tierra,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos en nombre de María vuestra Reina y Soberana,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos en nombre de María, Madre de Dios y Madre nuestra,¡Vuelen en nuestro socorro!
Los conjuramos por su propia felicidad,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos por su propia fidelidad,¡Vuelen en nuestro socorro! Los conjuramos por su fuerza combativa por el Reino de Dios,¡Vuelen en nuestro socorro!

Los conjuramos, ¡cúbrannos con sus escudos!Los conjuramos, ¡protéjannos con sus espadas!Los conjuramos, ¡ilumínennos con su luz!Los conjuramos, ¡abríguennos bajo el manto de María!Los conjuramos, ¡enciérrennos en el Corazón de María!Los conjuramos, ¡deposítennos en las manos de María!Los conjuramos, ¡muéstrennos el camino hacia la puerta de la vida: el Corazón abierto de Nuestro Señor!Los conjuramos, ¡condúzcannos seguros hacia la casa del Padre Celestial! Todos los Coros de los Espíritus bienaventurados,¡Vuelen en nuestro socorro! Ángeles de la vida,¡Vuelen en nuestro socorro!

Ángeles de la fuerza de la palabra de Dios,¡Vuelen en nuestro socorro! Ángeles de la caridad,¡Vuelen en nuestro socorro! Ángeles que Dios nos atribuye especialmente, como compañeros,¡Vuelen en nuestro socorro! ¡Vuelen en nuestro socorro, los conjuramos!Porque hemos recibido en herencia la Sangre de Nuestro Señor y Rey.
¡Vuelen en nuestro socorro, los conjuramos!Porque hemos recibido en herencia el Corazón de Nuestro Señor y Rey.

¡Vuelen en nuestro socorro, los conjuramos!Porque hemos recibido en herencia el Corazón Inmaculado de María la Virgen Purísima y vuestra Reina.
¡Vuelen en nuestro socorro, los conjuramos!

San Miguel Arcángel: Tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Te conjuramos, suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable, para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ¡ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios!

San Gabriel Arcángel: Tu eres el Ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del Corazón amante de Nuestro Señor; Permanece siempre delante de nuestros ojos, te conjuramos, para que comprendamos correctamente la palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. ¡Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue!

San Rafael Arcángel: Tú eres el mensajero del amor de Dios! Te conjuramos, hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios y no dejes que esta herida se cierre jamás, para que permanezcamos sobre el camino del amor en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este amor.

¡Ayudadnos hermanos grandes y santos, servidores como nosotros delante de Dios!. ¡Protegednos contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía y tibieza, contra nuestro egoísmo y nuestra avaricia, contra nuestra envidia y desconfianza, contra nuestra suficiencia y comodidad, contra nuestro deseo de ser apreciados! ¡Desligadnos de los lazos del pecado y de toda atadura al mundo!¡Desatad la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración!

¡Clavad en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor!¡Buscad en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que se derramó por nosotros! ¡Buscad en nosotros las lágrimas de vuestra Reina vertidas por nuestra causa! ¡Buscad en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen a la cual Dios quiso crearnos por amor!

¡Ayudadnos a reconocer a Dios, a adorarlo, amarlo y servirlo! Ayudadnos en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen solapadamente! ¡Ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna! AMEN

Durante la novena, que es un asalto que dura nueve días, conjuramos a los Santos Ángeles por la mañana y durante el día los invocamos con frecuencia de esta manera:

San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!

San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!

San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ayúdanos y ruega por nosotros!